Cuando alguien manifiesta que no se puede seguir una dieta mediante un  grupo, me hace bastante ruido. Me hace ruido en principio porque mi experiencia en el trabajo con grupos terapéuticos desde una mirada psicoanalítica, no hace más que disentir en absoluto con esta expresión.

Tratando de ponerme en el lugar del otro, haciendo uso del don de empatía que la vida me regaló, y el aprendizaje de mirar más allá de las palabras, intentaré codificar lo que se quiere decir con aquello que se dice.

Desde el punto de vista profesional, es entendible que una dieta necesita de ciertos y adecuados  conocimientos científicos sobre las propiedades de cada uno de los alimentos y la combinación de los mismos, con el fin de anticipar  la reacción que éstos ejercerán en cada cuerpo, a fin de poder ser indicados de acuerdo a las características del organismo en lo particular de cada persona. Esto tiene que ver con una mirada médica que atiende el aspecto físico del individuo.

No obstante, la mirada médica más allá de las particularidades de cada paciente, no deja de tener una mirada general. Es decir, de acuerdo al agrupamiento de determinados síntomas, se instruye una u otra acción.

Muchas personas han visitado a diversos nutricionistas y verán que ya tienen impresa una dieta general a la que suelen cambiar cantidades de algunos ingredientes y tachar otros, según lo que la persona manifieste. Parten de una generalidad, que atiende una particularidad. Dentro de estos aspectos, se pierde la singularidad de cada persona.

La singularidad es aquella dimensión del ser humano que tiene que ver con las emociones y sentimientos. Es en esta esfera en donde, desde el punto de vista psicológico, los grupos tienen su importancia.

El ser humano es un animal social, y como tal, necesita del otro para su constitución.

A diferencia del animal, estamos sumergidos en un mundo de palabras y somos hablados por el Otro, incluso ante de nacer.  Un perrito nace, y solo necesita de su instinto para dirigirse en búsqueda de la teta de su madre, y a la vez, del instinto de su madre, para que le proporcione el alimento. Así, sólo con el instinto, puede satisfacer su necesidad.

Por su parte, el recién nacido, solo siente una insatisfacción, un malestar que no sabe qué significa. Su llanto es la única herramienta disponible para hacer saber que hay algo que siente que le provoca dicho malestar.  Es la madre, en una primera instancia, quien tiene que codificar ese llanto. Esa madre dirá “tiene hambre” y lo acercará a su teta. O bien, “tiene frío” y lo tapará con una mantita.

En ese encuentro entre la demanda de una necesidad (por parte del niño), y la respuesta que dé esa madre para  cubrir dicha necesidad, puede haber una coincidencia entre demanda y satisfacción, o bien, puede quedar un plus sin significar, dado que la madre, codifica a partir de su propia significación. Es así  como vamos interpretando el mundo y vamos aprendiendo a codificar nuestras necesidades, a partir de un resto que no encuentra satisfacción, pero que seguiremos buscando satisfacer.

Un grupo es un lugar en donde personas con un objetivo en común, encuentran un espacio para armar un proyecto compartido.

En este sentido, podemos diferenciar dos tipos de grupo: el Grupo de apoyo y el Grupo terapéutico.

El grupo de apoyo, tiene que ver con aquellos motivos que,  ya sea  en la virtualidad o presencia de cierto espacio, reúne a sus miembros, los cuales comparten un mismo objetivo. En este caso, llevar a cabo una dieta. Estos grupos se caracterizan por la EMPATIA.

Cada uno de los integrantes se encuentra con las dudas que tienen otros, con los síntomas que tienen otros, con los altibajos que tienen otros. Es en este lugar en donde cada uno se ve reflejado en aquello que a su semejante le pasa, generando una identificación que permite que se  desplieguen  las posibilidades de sentirse acompañados en sus debilidades. Porque saber compartir el sufrimiento no es poca cosa.

A la vez,  una pregunta de algún  miembro, puede  funcionar como señal de una etapa superada. Conocer la respuesta a dicha pregunta, a partir del conocimiento adquirido, hace que la persona perciba un adelanto en algo que ya se ha podido dominar, con la consecuente motivación que da fuerzas para seguir en la búsqueda del objetivo deseado.  Entonces, nuevamente  es el otro que devuelve ese reflejo, pero en este caso  mostrando los avances logrados.  La empatía juega ahora ese papel en donde uno de los miembros  se encuentra con su propio resultado, y el miembro más inexperto puede proyectarse en aquel lugar de superación.

Es así, que entre el juego de identificaciones  a partir de las similitudes y diferencias, se va armando una trama en la que se sostiene el grupo, rumbo al objetivo establecido.

Los grupos terapéuticos, tienen esta dinámica pero se le agrega un aspecto muy importante. El grupo terapéutico es un grupo de TRABAJO. En toda terapia, grupal o individual uno va a trabajar. Si! A trabajar para el beneficio de su bienestar mental, más allá del objetivo en común, pero sostenido en él.

El grupo terapéutico tiene todas aquellas formas descriptas en el grupo de apoyo, pero con la particularidad de que se ponen a trabajar, en el objetivo grupal, las cuestiones singulares. El objetivo grupal será fundamental, ya que brindará las posibilidades sobre las cuales, los conflictos singulares se podrán desplegar.

Toda persona que haya participado de algún grupo, de la índole que este sea, sabrá que en los grupos hay conflictos. Todos, absolutamente todos los conflictos que en cada grupo surgen tienen un sentido especial para cada sujeto.

En el grupo cada participante expresa muchas cuestiones que en la vida personal no puede poner en palabras. Conflictos que, por ser inconscientes, desconoce, pero que en el grupo encuentra el lugar propicio para poder expresar, y a partir de esa puesta en palabras, poder trabajar.

¿Qué es trabajar en terapia?

Trabajar es hace algo con “eso” que ahí surgió. Y hacer algo con eso es, en primer lugar, escucharse. Pero muchas veces nos escuchamos a partir de las palabras del otro. Y es cuando nos escuchamos, sea de la manera que sea, que podemos empezar a elaborar, siendo esto aquello  yo llamo trabajar.

¿Cómo se trabaja?

Expresando. Enojándose, llorando, angustiándose, preguntándose, pensando con otros, coincidiendo o disintiendo, haciendo bromas y riéndose… sea como sea, cuando el conflicto está del lado de la palabra, ya podemos hacer mucho. Cuando el vacío, la culpa, la angustia, el no puedo,  está fuera del cuerpo, ya podemos empezar a llenarlo con algo más que con comida. También, aprender a tolerarlo. Porque es necesario que algunos vacíos no sean llenados.

Es allí, en el grupo terapéutico, a diferencia del grupo de apoyo, en donde el conflicto funciona más allá de una descarga, sino que se lo utiliza para entender  y dar sentido a aquello que se  manifestó. En donde a través  de la puesta en marcha de los objetivos comunes, se pueden generar los medios de contención que proporcionan  el sostén, la empatía, y todos aquellos elementos que se dan en el grupo de apoyo, pero a la vez, es posible elaborar cuestiones subjetivas, que tienen que ver con aquellos primeros momentos de codificación y, más aún, de la falta de codificación, que tuvo que ver con la historia personal de cada uno en su singularidad, desconocidas y arraigadas, que en la actualidad se manifiestan como síntoma, haciéndose visibles en la adicción, en la obesidad, en esos kilitos de más… que no hacen más que expresarse pero de una manera que lastima, produciendo algún tipo de insatisfacción,  retroalimentando aquello que alguna vez, no pudo ser significado.

Hablando específicamente de dietas, el grupo es un complemento de un plan nutricional armado por un profesional.

Pero hay que tener en cuenta qué es lo que comemos cuando comemos.

¿Comemos solamente calorías?

Yo, me atrevería a decir, que muchas veces comemos más que comida. La experiencia me enseña que, solemos comer culpas, castigos, compañía, ansiedad, tristeza, alegría… y tantas otras cosas más que desconocemos. El grupo terapéutico es aquel lugar, en donde trabajando sobre el objetivo compartido, es posible dar respuesta a esta pregunta en la singularidad de cada sujeto.

Entonces, mientras que en grupo de apoyo los avances se dan a partir del sentimiento de igualdad entre sus miembros, en el grupo terapéutico, a partir de dicha igualdad, se intenta descubrir  el sentido que tiene para cada uno en su singularidad.

Cómo dije al comienzo de este artículo, lo que se dice no siempre es lo que se quiere decir. Los grupos terapéuticos con mirada psicoanalítica, invitan a saber. Y, el saber, por más doloroso que sea, siempre está del lado del poder. Siempre del lado de la salud.

 

                                                                                                                                              Lic. Vanessa Sucatti